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La
pintora catalana Carmen Sanzsoto, formada en la Escuela Superior de
Bellas Artes de San Jorge de Barcelona donde se graduó en 1971,
trae a la galería Arte Imagen una obra de potente plasticidad,
nutrida, en parte, de la herencia que el arte geométrico, las
abstracciones y los informalismos dejaron en el siglo XX. Es evidente
que su objetivo principal es hacer buena pintura y por ello busca trabajar
con los elementos formales que esta proporciona: una cuidadísima
estructuración del plano pensado como un espacio de silencio,
de reposo y de expectación, un territorio a la vez diurno y nocturno
en el que priman las oposiciones del blanco y del negro y en el que
se espera que de pronto se produzca una epifanía; eso es lo que
sucede con las formas volanderas que lo atraviesan y que adquieren ambiguas
configuraciones orgánicas, con calidades de erosionadas rocas,
de peregrinas nubes, de raros ofidios, de porciones de fronda o, simplemente
de antropomorfizadas sombras; a estos valores donde lo racional y lo
irracional se contraponen hay que añadir una esmerada entonación
que suena como un moderato cantabile, con temperaturas delicadas donde
prima un cromatismo de grises perlinos que dialogan con dorados suaves
y de oliváceos verdes levemente entibiados por una escala de
matices tierra y tostados; también es notoria la valentía
del trazo y la generosidad de la mancha, suelta, amplia , móvil,
apta para seguir las sinuosas incitaciones de las emoción, pero
salpimentada a la vez, por los dulces goteos de las tintas rociadas.
Pero el dominio del oficio que esta pintora demuestra no está
exento del impulso poético o más bien hay que decir que
lo poético es inseparable de ese "savoir faire", de
esa mezcla de contención y libertad que, al mismo tiempo que
conforma un receptáculo meditativo, incita a la diáspora,
señala la inevitabilidad del viaje o suena como un "Grito
en el vacío". Cosmos y caos viven en esa continua y necesaria
dialéctica que ella presenta así: "...Construir,
destruir, silencio, suspensión, emoción, proponer, disponer,
sueños, quimeras, lo cuestionable, lo incuestionable, dentro,
fuera, la abstracción, el pensamiento...". En suma, todas
la abiertas e infinitas posibilidades de la imaginación y de
la vida. El
espectador, en su acción de mirar, asiste y comparte la voz propia
del artista materializada en su obra. Estos días seremos testigos
y observadores de la obra presentada por Sanzsoto a través de
su viaje a Ítaca. Camino,
una ruta de contemplación, de aprendizaje, de alma y de cuerpo. Sanzsoto nos hace partícipes de su particular Ítaca en la que cada etapa, cada pieza, relaciona el imaginario con su mundo, y deja el resquicio suficiente para volar nosotros hacia nuestra propia Ítaca. Mónica
Borrás Carmen Sanz Soto - Sanzsoto, todo unido, como expresión de su actual síntesis pictórica, realizó su primera exposición individual en 1974, era muy joven y tanteaba sus posibilidades como intérprete plástica de los sentimientos que nacían en ella frente a la realidad cultural y social de los años setenta. Licenciada en 1971 por la escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona, había también realizado estudios de grabado y de esmalte. Quería probar toda expresión artística -poco después se inició en el tapiz- pues, entusiasta de carácter y muy segura de si misma, creía en la importancia para los demás de las sensaciones que brotaban de su interior ante el descubrimiento de la vida. En 1976 ya expuso en Nartex, una inmensa y moderna galería que, instalada en la calle Casanova, junto a la de Aragón, en Barcelona, era dirigida por el intenso pintor que siempre ha sido Jaime Muxart. Era una galería que aportaba novedad en los conceptos y que se arriesgaba con unas propuestas pictóricas que iban mucho más allá de lo puramente comercial. Quizás por ello no logró consolidarse, pero Carmen Sanz ya estaba lanzada y hasta 1985 realizó diversas exposiciones, luego vino un período de silencio público aunque sin renuncia alguna a la actividad artística, que empezó a romper en el 2004 en lo que atañe a individuales, pues en diversas colectivas siempre estuvo presente. Y a partir del 2005, Sanzsoto ha reanudado con empuje sostenido sus aportaciones creativas ante el público. Las sensaciones que en sus comienzos quería plasmar la pintora siguen presentes, lo cual demuestra que conserva el espíritu vivo y receptivo, pero se estructuran en sus intensos colores y hallan la manera de dar una explicación de conjunto, porque también las realidades son muy variadas y resultan distintas las formas de ver, así como en los paisajes rurales observados desde la ventanilla de un avión advertimos que los cultivos cazan como en un puzle, también con las formas de ser humanas comprobamos que se combinan y que con ello se enriquecen las personalidades. Sanzsoto ha aprendido a ser ella misma a través de lo que ha recibido por propia voluntad o por circunstancias y ahora meditado y asumido nos lo ofrece para que nos sintamos representados a través de su pintura. Cada
persona es un mundo y cada artista una decidida voluntad de expresar
lo propio para que se enriquezcan con el progreso espiritual los sentimientos
colectivos. Y eso es lo que logra la pintora con sus actuales cuadros,
en los que hay encuentros y desencuentros, ternura y recelo, agresiones
y comprensiones, pero siempre frente a un gran sentido para establecer
espacios en los que se desarrolle la fuerza de la existencia consciente.
Ya sé que puede resultar sencillo, incluso cómoda la palabra por la palabra; es decir, la verborrea literaria que adornaría cualquier crítica de compromiso. Es cierto que el compromiso existe porque en él conviven conocimiento y paralelismos vitales, pero, también es cierto, si afirmo que no quiero hacer de mis palabras una simple trivialidad. Por esta razón deseo q mis palabras vayan dirigidas al ejercicio de pintar y, en su conjunto, a la respuesta que ofreces en tu pintura. Si el hecho de pintar es, o puede ser, una intervención más o menos instintiva, una búsqueda sobre un camino incierto, tu oferta hay que entenderla y buscarla, precisamente, en esa andadura, en el recorrido mismo de tu tiempo pintado y eso, Carmeta, solo se puede hacer bajo el influjo de un sentimiento profundo. Es ahí, precisamente, hacia donde tenemos que mirar. Por esta simple razón, la intención que quiero expresar para quien tenga la paciencia de leer, de ver y de pensar ante tu obra, es que pueda sentir de cerca como pintando haces una lectura de tu vida, un recorrido sobre ti misma y una precisa declaración de intenciones poniendo al descubierto, tanto las dudas como las emociones y, finalmente, la propia lectura de tu gesto como valor último incuestionable. Hoy,
cuando el gesto es puesto en cuestión, más veces de las
deseables, es hermoso contemplar como tu impronta personal es fiel a
tu historia y resultado constante en una tenacidad pictórica
envidiable; y eso, Carmeta, es algo que a cualquiera le gustaría
oír sobre si mismo. …..poseida viva inquietud interior, acentuado sostén expresionista, imprime sus composiciones candente sentimiento cromático develador formas aparentes; pintura Sanzsoto traduce neto impulso emotivo, fortalecientes sesgos pinceladas, traves las cuales su latente inquietud alcanza desvelar, difuminar contradictorias referencias dominan transcurrir existencia; pleno predominio
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